El tema de la vulnerabilidad sísmica no es especulación, es ciencia, geología, conocimiento proyectado sobre datos reales. Compromete a la sociedad, a las autoridades eleelcomerciotodoreducidogidas para gobernar y por cierto a todos los ciudadanos y ciudadanas, empezando por su ámbito familiar. El diario El Comercio da cuenta en su edición del miércoles 29 de abril del 2015 de los riesgos a los que están expuestas cientos de miles de familias por su ubicación en el territorio de la ciudad de Lima. Mañana eso puede convertirse en una gran tragedia -de dimensiones casi inimaginables- de ocurrir un terremoto grado 8.9 en esta zona de la cuenca del Pacífico.

Se puede especular y advertir que una noticia así responde al puro oportunismo comunicacional, en medio de una gran tragedia como la sucedida con el último terremoto en el lejano Nepal. Pero también es verdad  que lo ocurrido reitera la urgencia de poner en marcha aquí verdaderos mecanismos eficientes de Defensa Civil que preparen a las familias y conmuevan a nuestros gobernantes para adoptar efectivas y eficientes medidas de prevención. Es sumamente urgente REUBICAR A VARIOS CIENTOS DE MILES DE FAMILIAS EN LIMA (y en muchos otros lugares de nuestro país) instaladas en zonas de alto riesgo. Estamos poniendo en juego el crecimiento económico logrado en estos años de ocurrir un evento sísmico de grandes proporciones. La calidad de vida alcanzada puede desaparecer y retrotraernos a lo peor de los años 80s, incluyendo la violencia social, si no se adoptan medidas prontamente.

Este fuerte llamado de atención podría leerse como un ejercicio de guerrilla amarillista de la prensa nacional. ¿Se trata acaso de una advertencia seria? Al parecer sí, a la luz del gran terremoto ocurrido muy recientemente en Nepal, produciendo allá más de 4 mil muertos y  decenas de miles de heridos. Más que asustar a la población lo que urge es que nos preparemos y corrijamos prontamente el riesgo al que estamos expuestos como equilibristas andando sobre una soga próxima a romperse. Necesitamos de verdad programas de vivienda para los sectores más pobres instalados resignadamente en terrenos absolutamente inapropiados en muchas zonas de Chorrillos, San Juan de Lurigancho, Comas, Villa María del Triunfo, Villa El Salvador, Barranco, La Molina y Ventanilla entre otros.

Es preferible iniciar ya una gran cruzada nacional para reubicar a estos compatriotas, que afrontar durante años una tragedia insoportable e inhumana que a todos nos va a tocar, durante probablemente al menos un lustro. En verdad no sabemos si estamos a tiempo, lo que sí sabemos es que estamos absolutamente desprotegidos, ignoramos las terribles consecuencias que nos pueden sobrevenir y preferimos estúpidamente negarnos a ver la realidad de nuestro entorno. Se puede entender que nuestra absoluta incapacidad de prevención sea consecuencia de haber vivido décadas enteras cargados de agendas  cotidianas de sobrevivencia, intentando vivir al día, pero eso no justifica ni nos va a servir cuando llegue el gran evento sísmico que cada día es más probable de ocurrir.

 

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